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El teléfono móvil estaba apoyado en el capó del coche. De repente sonó. Beep-beep. Un mensaje. Pero desde donde él estaba no podía enterarse. Además, tenía demasiadas cosas en la cabeza como para estar pendiente del teléfono. Por eso estaba allí. Para intentar desconectar y de paso aclarar todo lo que tenía metido en la cabeza. No es que fuese un sitio especialmente tranquilo. Un puente sobre la autopista no es lo que se puede decir silencioso. Pero aquel lugar le gustaba. Le tranquilizaba ver venir e irse coches a toda velocidad. Como si sus problemas fuesen esos coches que pasaban rápido y sin molestar.
Llevaba allí un par de horas. Desde que dejó lo de dormir por imposible después de intentarlo durante toda la noche sin conseguirlo. Y aunque eran las nueve y media de la mañana, su estómago apenas se había quejado. Era su mente la que mandaba y la que no le dejaba parar de pensar. Pensar en todo lo que había pasado la noche anterior, la semana anterior, durante cada día desde el preciso instante en que todo comenzó. Intentaba buscarle una explicación a lo que le estaba pasando y buscar una posible solución para acabar con todo lo más pronto posible.
Mientras él pensaba, el móvil empezó a sonar estrepitosamente y a iniciar un baile sobre el negro capó del coche. Esta vez sí lo oyó. Cuando se acercó para descolgar, el baile y el sonido cesaron. Una llamada perdida. Fue entonces cuando se dio cuenta de que había un mensaje. Lo leyó. "No es posible" pensó. Lo volvió a leer, se volvió hacia el borde del puente, respiró hondo y sonrió. Hacía mucho que no sonreía. Aquel mensaje le había alegrado el día...
Se montó en el coche y lo primero que hizo, como de costumbre fue encender la radio, buscar su emisora favorita y dejarse llevar. La canción que sonaba en ese momento le resultaba además muy especial. Su grupo favorito y una letra con la que se sentía muy identificado. Puso el motor en marcha y se dirigió a su casa. Durante el corto trayecto iba pensando en cómo iba a pasar las horas que le restaban hasta la cita que le acababa de surgir.
Al llegar a casa recordó que estaba sólo. Sus padres se habían ido de vacaciones, pero mañana volverían. Tendría que organizar un poco todo el desorden que se había ido acumulando durante dos semanas de independencia paternal... Pero lo primero era comer algo, su estómago había reaccionado y demandaba algo que digerir. Rebuscó un poco por el armario y descubrió unas galletas de chocolate de las que dio gusto rápidamente junto con un buen vaso de leche.
Las siguientes horas las dedicó a la limpieza de las distintas habitaciones de la casa. Había que dejarlo todo decente para el día siguiente. No era él un tipo desordenado y sucio. Ni mucho menos, pero el transcurso de los acontecimientos le había transformado bastante. Una vez que acabó con la casa le tocó a él mismo. Una reponedora ducha. Eso fue quizá lo que mejor le sentó y lo que le ayudó a encajar de un modo todavía más optimista lo que podía llegar a suceder por la tarde. "La barba???". Esa barba de mes y medio no era normal en él, pero durante esas últimas semanas nada lo había sido. Decidió
recortársela, ni apurado total ni esas greñas que tenía. Muy cortita, como a él le gustaba.
La mañana había pasado volando, pero aún le quedaban dos horas para la cita. Su estómago volvió a requerir su atención. Un plato precocinado, una lata de bebida refrescante y pan de hacía unos días. Tenía hambre pero estaba deseando llegar a su cita. Apenas hubo comido, se vistió con unos vaqueros, camiseta y su camisa favorita. Cogió las llaves del coche, y sus gafas de sol. Justo cuando se disponía a cerrar la puerta el teléfono de casa sonó. Entró y descolgó.
- ¿Dígame?
- Hola, soy yo. ¿Que tal todo?
- Ahh, hola... bueno, bien, tirando, ya sabes...
- Te llamo porque he quedado con estos para ir al cine luego. Por si te apetecía venir y así olvidarte un poco de todo... ¿Cómo lo llevas?
- Prefiero no hablar de ello... Lo del cine como que no me apetece demasiado... Además me ha surgido algo... Lo siento. ¿Te llamo mañana?
- ¿Mañana? Mmm, está bien, pero no lo hagas muy pronto que estaré durmiendo.
- Vale, perfecto, mañana entonces nos vemos...
No era algo normal, pero agradeció que sus amigos se acordasen de él, y mucho más que le intentasen levantar el ánimo. El último cuatrimestre no había sido demasiado bueno. Más bien malo. Bastante malo. Ahora simplemente le tocaba pasar hoja y volver a empezar, como si nada. Se hubiese ido con mucho gusto al cine, pero lo que se le presentaba en apenas dos horas le parecía mucho más interesante. Salió de casa y se volvió a montar en su coche. Otra vez el mismo ritual. Radio encendida, gafas de sol y puesta en marcha.
El lugar donde le citaba el mensaje estaba a apenas media hora, pero prefirió llegar pronto. Él era de esas personas a las que no les gusta llegar tarde, pero que tampoco les importa esperar. Y además, el lugar adonde se dirigía invitaba a esperar.
Hacía mucho que no iba por allí, y le sorprendió que la remitente del mensaje conociese el sitio. Un antiguo faro ya derruido sobre un acantilado cercano a una pequeña cala. Que él supiese sólo había ido allí con algunos amigos después de un día de playa... Después de unas cuantas carreteras comarcales y algún que otro camino de tierra llegó al sitio dónde dejar el coche. Ahora apenas unos minutos a través de un camino que discurría entre verdes prados. A medida que se aproximaba al lugar de reunión, el mar iba tomando protagonismo. Ya podía oler el salitre y oír el romper de las olas.
Al llegar, se quedó allí de pie, inmóvil, mirando el horizonte, intentando averiguar por qué extraña razón estaba allí. De repente una sombra apareció de entre unas ruinas.
- Hola... ya veo que también tu has llegado pronto.
- ¿Pensabas que me lo iba a perder? Ni loco.
- Ya, me lo imaginaba. Ven, vamos, nos están esperando...
Tomaron uno de los múltiples caminos que discurrían por entre los prados y anduvieron unos cinco minutos. De repente, detrás de una colina, allí en medio de la nada, vio empezar a levantarse una enorme mancha roja. Su sueño estaba a punto de verse cumplido.
- ¿Preparado?
- Sí, eso creo...
Se aproximaron a los dos hombres que se encontraban calentando el aire del interior del globo. Le vino a la cabeza el mensaje que había recibido esa mañana. "Hola guapo! Tengo una sorpresa para ti! Hace un paseo en GLOBO???...". Eran esas cosas las que hacía que quisiese tanto a esa chica. En apenas unos minutos el globo estaba listo para el paseo, y a él le empezaba a hacer cosquillitas el estómago.
- Venga, vamos.
Ella, mucho más atrevida que él, le tendió una mano para subirse a la barquilla. Cuando ya estuvieron dentro, y soltaron el cabo que les mantenía sujetos a tierra firme, las cosquillas del estómago alcanzaron su punto álgido y una lágrima le empezó a surgir del ojo. Ella se dio cuenta y le rodeó con su brazo mientras admiraban el inmenso mar chocar contra la costa. Después de un rato, y de algún que otro mordisco al bocadillo que ella le había preparado, la miró.
- Sabrás que hoy me has hecho el hombre más feliz del mundo, ¿no?
- Sí, eso esperaba...
- Y sabrás también lo mucho que te quiero, ¿no?
- Sí, eso también... ¿Y tú lo que yo te quiero a ti?
La respuesta de él no se hizo esperar. La abrazó, y mientras el sol se ponía en el horizonte, la besó.
by Gromit, Junio 2004

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